¿La verdad sobre la inteligencia artificial? No es tan honesta

https://www.theguardian.com/commentisfree/2021/oct/02/the-truth-about-artificial-intelligence-it-isnt-that-honest?CMP=fb_a-technology_b-gdntech

Somos, como observó el crítico George Steiner, «animales del lenguaje». Quizá por eso nos fascinan otras criaturas que parecen tener lenguaje: delfines, ballenas, simios, aves, etc. En su fascinante libro Atlas of AI, Kate Crawford relata cómo, a finales del siglo XIX, Europa quedó cautivada por un caballo llamado Hans que, al parecer, podía resolver problemas matemáticos, decir la hora, identificar los días de un calendario, diferenciar tonos musicales y deletrear palabras y frases golpeando sus cascos. Incluso el serio New York Times quedó cautivado, llamándolo «el maravilloso caballo de Berlín; puede hacer casi todo menos hablar».

Por supuesto, era una tontería: el caballo estaba entrenado para captar señales sutiles de lo que su dueño quería que hiciera. Pero, como dice Crawford, la historia es convincente: «la relación entre el deseo, la ilusión y la acción; el negocio de los espectáculos, cómo antropomorfizamos lo no humano, cómo surgen los prejuicios y la política de la inteligencia». Cuando, en 1964, el informático Joseph Weizenbaum creó Eliza, un programa informático que podía realizar los actos de habla de un psicoterapeuta rogeriano -es decir, alguien especializado en repetir a los pacientes lo que acababan de decir-, mucha gente se enamoró de ella. (Y si quieres ver por qué, hay una estupenda implementación de ella por Michael Wallace y George Dunlop en la web).

Kate Crawford, de Microsoft y la Universidad del Sur de California.

Kate Crawford, de Microsoft: «La IA no es artificial ni inteligente».

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Eliza fue el primer chatbot, pero puede considerarse el inicio de una línea de investigación que ha conducido a las actuales generaciones de enormes modelos de procesamiento del lenguaje natural (PLN) creados mediante aprendizaje automático. El más famoso de ellos es el GPT-3, creado por Open AI, una empresa de investigación cuya misión es «garantizar que la inteligencia general artificial beneficie a toda la humanidad».

GPT-3 es interesante por la misma razón que Hans, el caballo inteligente: aparentemente puede hacer cosas que impresionan a los humanos. Se ha entrenado con un corpus inimaginable de escritos humanos y, si se le da un briefing, puede generar por sí solo un texto superficialmente plausible y fluido. El año pasado, The Guardian le asignó la tarea de escribir una columna de comentarios para convencer a los lectores de que los robots vienen en son de paz y no suponen ningún peligro para los humanos.

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